sábado, 25 de marzo de 2017

Libros y libres se dan a la danza

El domingo mi hija pequeña y yo nos dimos a la danza en un Taller Espectáculo de DA. TE Danza en el teatro Calderón. Para ello nos pusimos en manos de Omar Meza, fabuloso coreógrafo, magnífico fabulador, artífice de la metáfora y (esto último lo descubrimos los adultos durante el taller) dinamizador de músculos ocultos.  Omar es director de esta compañía de danza contemporánea, que dedica una parte de su repertorio con especial cariño al público infantil convirtiendo la difusión de la danza no sólo en su pasión y vocación, sino en un estilo de vida, casi una obligación moral en la que el bailarín comparte su saber con la misma generosidad con la que el médico cura.

Omar Meza nos recibió descalzos y nos hizo descalzarnos. Entramos en una habitación llena de libros con una luz tenue que creaba un ambiente de relajación. Mi hija quería bailar desde que cruzó el umbral, pero antes de bailar estuvimos conociéndonos, relajándonos, mirando en nuestro interior. Omar nos regaló una hora y media sin prisas, sin móviles, sin preocupaciones, sin apariencias que mantener (sólo nos descalzamos, pero se nos invitó a desnudarnos metafóricamente de nuestras vergüenzas sociales, a ser nosotros mismos con nuestros hijos en un espacio libre de prejuicios).


Con Omar, libres con libros
Hace tiempo que escribí sobre los beneficios psicológicos de la danza, de los que estoy plenamente concienciada, y a mi hija le encanta la danza, así que cuando llegamos, estábamos muy favorablemente predispuestas a dejarnos guiar por Omar y pasárnoslo bien. Nuestras expectativas fueron superadas: nos relajamos, disfrutamos descubriendo lo que nuestros cuerpos podían crear al ritmo de la maravillosa música de David Campodarve, aprendimos sobre el espacio y el tiempo escénicos, nos recordaron a Lorca, hicimos creaciones colectivas, nos reímos, nos sorprendimos dibujando en el espacio con nuestra anatomía como único lápiz y finalmente Omar nos regaló los sentidos con su danza en un pequeño espectáculo que nos hizo viajar a otros mundos sin salir de la sala. Nunca creí que tanta felicidad cupiera en hora y media.


Omar es un francotirador de elementos artísticos: dispara continuamente y alguno seguro que te atrapa. Su mente es mucho más rápida que sus pies, aunque parezca difícil. La danza no es más que su forma de expresión más habitual, pero todo su espectáculo es una metáfora del universo que te devora y te hace partícipe. No sólo sales de allí más oxigenado por el ejercicio aeróbico que haces, te sientes más creativo, casi poderoso, libre. Cuando terminó, todos teníamos un libro en las manos y nos despedimos de él como si no fuera una despedida, sino el principio de una nueva historia, ésa que habían iniciado padres e hijos sobre el espacio escénico. Los niños se acercaron a jugar sobre el suelo con los papeles que había utilizado Omar para simular un efecto lluvia y yo me quedé cavilando cuántas gotas de aquel taller nos habían calado desde los pies desnudos al fondo del alma.

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