miércoles, 22 de marzo de 2017

La Joven Compañía lo ha clavado

A veces el teatro se atreve a enseñarte cosas que no querrías ver, o que preferirías ignorar. El jueves pasado fue un día de ésos. Fui con mi hija mayor a ver Punk Rock de La Joven Compañía en el teatro Calderón. He tardado varios días en conseguir procesar todo lo que sentí esa noche, todo el miedo, las náuseas y la angustia que me invadieron desde el escenario. Punk Rock es una visión bastante desesperanzada del vacío existencial al que puede llevar una educación carente de valores. El dudoso privilegio de haber crecido en una sociedad avanzada pero sin afecto, el dilema de si sirve de algo una formación privilegiada sin educación, la incomunicación en un mar de diálogos.

Incomunicación en un mar de diálogos- Foto LJC
Aunque normalmente no leo nada de las obras que voy a ver, porque no me gusta condicionarme ni que dirijan mi mirada, con Punk Rock no me había resistido a leer el artículo de Chechu Esteban en Mirando actuar, blog que sigo y con el que comparto muchas perspectivas escénicas. Chechu, que además de espectador reincidente es profesor de secundaria, recetaba Punk Rock como la aspirina, insistía en que era una obra obligada para padres de adolescentes, hijos adolescentes, docentes, etc., así que allí fui yo con mi hija adolescente, a por mi dosis.  Lo que me encontré sobre el escenario me pareció desolador y doloroso, no sólo no me quitó el dolor de cabeza, sino que me hizo sentir un vacío en el estómago.

Foto LJC
Simon Stephens eligió muy acertadamente el título de esta obra, porque lo que quería contar era una historia de muchos decibelios, estridente, rebelde, rompedora y desafiante. Es imposible ver Punk Rock sin que el asiento te queme en algún momento, sin sentirte incómodo. Hay que ser un psicópata para no verse a uno mismo en mitad de ese escenario en un fuego cruzado de gritos. Es imposible sentirse bien viendo Punk Rock. La Joven Compañía nos ha zarandeado el corazón y lo ha dejado pendiente de un hilo. El texto de Stephens me resultó muy desagradable, no creo que hubiera conseguido terminarlo como lectura. La Joven Compañía lo ha rescatado para mí.

Punk Rock es una obra concebida para ser coral, hay diálogos muy intensos, pero lo realmente importante es la coreografía, la foto de grupo. Andoni Larrabeiti ha enriquecido mucho con su trabajo estos diálogos de desencuentro. La sensación de caos escénico es continua durante la mayor parte de la representación. Esta magnífica coreografía, bajo la dirección de José Luis Arellano, se complementa con la videoescena de Álvaro Luna, de quién aún no he visto un trabajo que no me guste. Luna viaja por el subconsciente de los personajes dividiendo las escenas, guiando emocionalmente a los espectadores. La videoescena de Punk Rock a veces dice más que los diálogos de Stephens, que con frecuencia dejan cuestiones en el aire.

Del trabajo actoral, destaco a Víctor de la Fuente, que interpreta al personaje más enrevesado y lo resuelve brillantemente desde el minuto cero.  El trabajo de Víctor hace que la actitud de William, su personaje, se torne no sólo previsible (eso es culpa del texto), sino coherente, necesaria. Víctor nos hace vivir las circunstancias de William y acaba haciendo justo lo que yo esperaba de él. Me ha encantado este actor. También me ha gustado mucho Cristina Gallego, que ha conseguido un efecto bastante similar con su personaje, Lily, tan tierna y llena de inseguridades bajo su coraza.

Víctor de la Fuente y Cristina Gallego- Foto LJC

A pesar de estas destacadas actuaciones, Punk Rock se nos entregó como una totalidad indisoluble, violenta, caótica y destructora. El espacio sonoro de Mariano Marín y la iluminación de Juan Gómez Cornejo tampoco nos hicieron sentir cómodos. Cuando terminó, algunos jóvenes salían diciendo que se habían emocionado o llorado. A mí me tocó volverme hacia mi hija y hacerle la terrible pregunta:

-¿Así son de verdad ciertas situaciones en el instituto?
-Mamá, ¡lo han clavado!

3 comentarios:

  1. Tú, sí que lo has clavado. Ojalá hubiera más espectadoras como tú y tu hija.

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  2. Gracias, viniendo de ti, pedazo de piropo :)

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  3. Es alucinante cómo clavas con palabras las emocíones que algunos sentimos y no sabemos expresar como tú. Yo también tuve la suerte de ir con mi hija (16 años) y la obra nos abrió una vía de diálogo sobre situaciones q a ella le toca vivir. Gracias por tu crítica.

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