lunes, 6 de marzo de 2017

Diversión al cubo

Ayer en el Teatro Calderón tuvimos triple diversión: en primer lugar, porque nos enfrentamos a Cubos, una obra de Bambalina cuya finalidad es puramente lúdica, en segundo porque fuimos partícipes activos de la acción y en tercero porque se realizaba con cubos propiamente dichos. Jaume Policarpo idea y dirige muy acertadamente esta improvisación narrativa, locura colectiva o creación espontánea que hizo reír sin parar a los niños presentes y nos dejó con bastantes interrogantes a los adultos.

Cubos se basa en un juego infantil de dados, y de éstos está compuesta la escenografía: dados gigantes con imágenes diversas relacionadas con temas tan distantes como la naturaleza, el arte, las matemáticas o el espacio. En ellas se encierran potencialmente mil historias que finalmente surgirán en la voz de tres divertidísimos narradores-actores: Ruth Atienza, Àlex Cantó y Miguel Seguí. Algunos niños del público suben al escenario y comienza el juego: seleccionan sus imágenes favoritas y a partir de ellas se desarrollan distintas narraciones. Los niños captan la técnica desde el primer minuto y les encanta esa combinación de azar y necesidad en la que a ellos se les da el poder de elección del punto de partida.

Ruth Atienza combinando el azar y el libre albedrío

A pesar de que la técnica de partida es la improvisación, en Cubos todo es rápido: los actores no salen del escenario en ningún momento, no hay oscuros, todo está a la vista y las únicas sorpresas posibles se albergan dentro de los cubos, que están llenos de objetos relacionados con las imágenes del exterior. Un espacio sonoro muy prolífico a cargo de Truna y Mei acompaña esta acción trepidante: los actores exploran todas las posibilidades del espacio escénico ya sea haciendo una torre con vasos de plástico, colocando los cubos para contar una historia o manipulando objetos y marionetas al antojo del argumento. 

Ruth, Àlex y Miguel dominando al ogro
Cubos me pareció una apuesta por un lenguaje escénico distinto con los elementos de siempre que son clave de éxito y una forma narrativa diferente. Personajes enfrentados, ridiculización, hipérbole, teatro del absurdo para niños atrapados en una sociedad que cada vez les exige más lógica. ¿Por qué sube a una moto el ogro? Porque era la función de ayer, pero en la de otro día, igual podría haber subido a una antena de telecomunicaciones o disparado números siete desde un transbordador espacial. El ojo del adulto es inmune a este lenguaje narrativo: los adultos vemos una lavadora donde los niños ven un temible tornado devastador que absorbe ideas y escupe personajes.

La apuesta que hace Bambalina Teatre Practicable en Cubos por la improvisación me pareció muy interesante en esta época, en la que a los niños se les da todo muy estructurado. Nuestros planes para cualquier tarde cuando teníamos la edad de nuestros hijos era ver Barrio Sésamo, montar en bici por el barrio y comer todo el chocolate posible, el resto era pura improvisación. No quiero decir con esto que esté mal que nuestros hijos estudien ballet, jueguen al pádel o toquen el piano, mis hijos también tienen un montón de actividades, pero es importante no perder la posibilidad de ejercer esa improvisación, encontrar momentos para expresar su creatividad de manera espontánea, para cambiar el final del cuento a su libre albedrío. Los niños salían del teatro con un recortable de cubos que Bambalina nos había regalado, inventando nuevas historias, riéndose con las anécdotas de lo que habían visto (especialmente con las más irreverentes y escatológicas), imaginando mil finales diferentes. Objetivo conseguido, Bambalina.


No hay comentarios:

Publicar un comentario