domingo, 19 de febrero de 2017

Caperucita en un bosque de papel

Ayer mi hija pequeña y yo vimos en el Teatro Calderón una propuesta didáctica convertida en espectáculo infantil: Little Red Riding Hood, una peculiar Caperucita Roja en inglés, a cargo de los ingeniosos Ultramarinos de Lucas, arriacenses pero bilíngües y muy, muy divertidos.

Toda la obra se desarrolla en un bosque, pero no en un bosque de árboles, como era de esperar, sino de papel, porque Ultramarinos de Lucas nos trae un kamishibai, un teatrillo de papel cuyo origen es japonés y la práctica totalidad de la escenografía y utilería son de papel o cartón, a cargo de Victoria8letras y José Orna-La Cartonería, todo absolutamente ecológico. A través de ellos hemos vivido la experiencia de liberarnos de la tiranía de la imagen tan presente en la sociedad actual desde la primera infancia y reconciliarnos con el papel escrito, a pesar de estar consumiendo un espectáculo eminentemente visual. 


En este bosque de hojas de papel nos ha introducido Papirus, un bibliotecario ambulante encarnado por Luis Orna, de quien yo me confieso absolutamente enamorada. Desde su carrito de libros, nos hemos enfrentado a mil formas de contar historias, a libros que contienen todas las letras y a otros que sólo tienen colores o formas, porque son para mirarlos o para perderse en ellos, hemos subido a la Torre Eiffel a lomos de un león y hemos recordado un montón de palabras en inglés que ya conocíamos en su mayoría, asociándolas a imágenes, que es como mejor se aprenden. Poco a poco, Luis Orna, muy hábilmente dirigido por Juan Monedero, nos lleva a su cuento preferido, que también es el nuestro (ya lo he dicho más veces en este blog): Little Red Riding Hood, y las hojas de ese bosque de papel, se materializan en personajes de distintos tamaños que cobran vida en las manos y la voz de Orna, mientras el Kamishibai nos muestra la historia en distintas láminas que se van sucediendo. 

Todo es muy divertido y se busca, y consigue, continuamente la complicidad del espectador. Papirus nos ha hecho una traducción paralela al español de todas sus frases, pero en muchos casos no llega a tiempo porque los niños, hasta los más pequeños, han entendido el significado por el contexto y están dando una réplica a los personajes, como si formaran parte de la propia historia. Para que un sólo narrador no aburra al público de esta edad, tiene que ser dinámico e interactivo, dos requisitos que Orna supera con creces, además de ser divertido, hacer un amplio uso del espacio escénico, y ofrecernos un pequeño truco de magia de parte del lobo. La historia continúa respetando al texto clásico y se bifurca en tres finales distintos: el de Perrault, el de los hermanos Grimm y el de Ultramarinos de Lucas, que algo tienen que decir, llegados a este punto. Nos dejan libertad a los espectadores para elegir el final de nuestro agrado y ya surge el debate: mi hija quiere comerse a la abuelita y yo perdonarle la vida....creo que mañana continuará en el patio del colegio.

Gracias Ultramarinos de Lucas, por tener de todo, como las tiendas a las que hace referencia vuestro nombre. Por traer diversión e inglés a partes iguales. Por partir de una historia conocida para inducir un mundo desconocido, como es el aprendizaje de un nuevo idioma. Por abrazar a los más pequeños con vuestro sentido del humor, que usa la  palabra sin depender de ella. Por hacernos reflexionar sobre lo importante que es elegir el camino correcto. Por hacernos pasar una tarde fantástica con Caperucita en un bosque de papel.




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