jueves, 19 de enero de 2017

Soñar sin salir de casa

Cuando me han visto esta mañana los empleados del Teatro Calderón por segunda vez en menos de 24 horas, no se han sorprendido especialmente, porque ya saben que soy espectadora reincidente, pero el comentario general es que debía poner un colchón en la buhardilla y ya sería mi casa. En cierto modo, dicha predicción se ha cumplido, porque hoy nos hemos sentido como En casa mi hijo pequeño y yo, con Caramuxo Teatro en el Desván del Calderón. Como En casa nos hemos reído, hemos jugado, hemos bailado, hemos inventado historias y sobre todo, hemos soñado.

Con Juan Rodríguez y Laura Sarasola En casa

El teatro te lleva a mundos distintos cuando aún no tienes el privilegio de saber leer, como es el caso de los bebés. El teatro de Caramuxo hace que tu mundo sea distinto, sea especial, con lo que ya tienes al alcance de la mano. Hemos viajado en cuarenta minutos de una parroquia a una ciudad pasando por la luna y hemos visto que cada casa, como cada persona, brilla con una luz especial, como la que Juan Rodríguez y Laura Sarasola han compartido hoy con nosotros. Con una escenografía artesanal impresionante, un espacio sonoro maravilloso y una iluminación cuidada al detalle, han conseguido llevarnos de la mano a su universo mágico de lo cotidiano, a su casa.

Detrás de una trompa, a veces está Laura
El espectáculo de hoy reune todos los requisitos que debe tener cualquier montaje para captar la atención de un bebé de principio a fin: dulzura, música, luminosidad tenue, sorpresas, personajes extravagantes y entrañables, humor, ritmo pausado, un texto sencillo y repetitivo y una estética llamativa pero no estridente. Si a todo eso le añado que nos recibieron un acordeón y un clarinete acompañados por una suave pero pertinente percusión, tenemos el secreto de la felicidad escénica: ayer salimos muy contentos del teatro, relajados, optimistas y muy, muy cantarines. Llevar música en directo a un espectáculo para bebés supone hacer una apuesta por la calidad que pocas compañías se permiten, puesto que el precio no suele repercutir en el espectador, pero sí en la producción y distribución. Por eso valoro mucho el esfuerzo que hacen algunas compañías como Caramuxo Teatro para que nuestros bebés, que con frecuencia llevan escuchando música desde el vientre materno, descubran de dónde sale esa música, cómo se producen los sonidos y que, detrás de una trompa, no siempre hay un elefante. 



En casa es como una matrioska, Juan Rodríguez y Laura Sarasola juegan con las expectativas del espectador utilizando su sofisticada escenografía. Poco a poco van abriendo las puertas de las casas y desvelando misterios de cada historia que se intuyen debido a pistas sonoras. A partir de los 8 meses, los bebés desarrollan la noción de causalidad, lo que implica que pueden hacer pequeñas deducciones como que en la casa en la que suena swing se baila o en la que se oye llanto hay un bebé, así que las expectativas de los espectadores de En casa crecen al mismo ritmo que la parroquia de Juan y Laura se transforma en ciudad. A partir de este sencillo argumento, el espectáculo tiene una conjunción de elementos que lo hacen hermoso y nos transmiten valores indispensables como la coeducación, la multiculturalidad, la convivencia...Mientras tanto, las canciones surgen con la misma naturalidad con que se ven las estrellas al subir al tejado, y cuando ya no creíamos poder sorpendernos más, apareció Rita y desató un torrente de carcajadas en los más pequeños con sólo maullar.

Rita

Me ha gustado mucho En casa y me ha gustado conocer a Caramuxo Teatro. Pocas compañías como ellos hablan la lengua de los bebés. Caramuxo hace honor a su nombre y enlazando textos, música, escenografía y demás, encuentra la proporción áurea de las espirales en la naturaleza, ésa que determina la belleza estética de las auténticas obras de arte

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