martes, 10 de enero de 2017

Shakespeare en el bolsillo

La risa se contagia, la felicidad también, y el buen teatro tiene el poder de evocar a las dos. Hoy mi hija mayor y yo hemos sido muy felices en el Teatro Calderón viendo Romeo y Julieta de bolsillo, una versión de la Compañía Criolla sobre la famosa obra de Shakespeare. Ha sido un espectáculo que no sólo nos ha divertido, sino que nos ha hecho crecer en el amor, el amor por los textos clásicos, por las artes escénicas y por la dramaturgia que hace cómplice al espectador de su propia carcajada. Estos criollos han tomado prestado el texto clásico y, como si fuera un mate, lo han cebado con un lenguaje actual, limando los entresijos argumentales, simplificándolo pero manteniendo la fidelidad a la historia, edulcorándolo ligeramente con un incomparable sentido del humor, pero respetando el amargor del mate hasta un final que se sospecha incierto.

Me ha encantado ir al teatro con mi hija adolescente y verla disfrutar como ha ocurrido esta noche, porque lamentablemente hay pocas obras dirigidas a niños entre 11 y 16 años. Se trata de un público difícil, a veces apático, acostumbrado a los sistemas de ocio pasivo (cine, televisión, videojuegos, youtube), y que requiere para motivarse un feedback casi inmediato que en teatro puede resultar extenuante (como representar a once personajes con dos actores, convertir una tragedia en comedia, hacer metateatro continuamente e interpelar al público cuando menos se lo espera), cosas que no todas las compañías se atreven a acometer. Gracias, Compañía Criolla, por atreveros. Romeo y Julieta de bolsillo se ha metido en el bolsillo al público de Valladolid desde el primer minuto de esta actuación.

La adaptación del texto de Shakespeare es de Emiliano Dionisi, dramaturgo, actor y director de teatro a quien he tenido el placer de saludar hoy a la salida del teatro y de quien puedo decir que, o tiene información privilegiada sobre el fin del mundo y por eso se da prisa, o es de estas personas a las que la inspiración los sorprende trabajando, porque no para y su currículum se duplica porque cada trabajo va acompañado de una mención, un premio o un reconocimiento, a pesar de su juventud. Él mismo encarna a Romeo, a otros personajes masculinos, y a alguno femenino. A su lado Julia Gárriz, como Julieta y el resto de personajes. El trabajo actoral es lo que más me ha gustado hoy, junto con el texto, por algo nos hemos comprado el libro. Ambos actores llevan todo el peso de la obra: armados con tizas como los profesores analógicos de nuestra época, con un vestuario mínimo y unos cuantos objetos, son los encargados de contar la historia, conectar con el público, emocionarlo, sembrar dudas sobre el argumento, provocar risas y más risas, enamorar y, cuando todos queríamos más, reencontrarnos en un final feliz, o no. Nunca he escuchado tantas carcajadas en un mausoleo.

¿Cómo se convierte una tragedia en comedia? Riéndose de uno mismo para empezar. De esta forma, suben a escena dos personajes ridículos que nos amenazan con un soporífero fervor shakesperiano. A partir de ahí, los dos pilares del texto son la ironía y el sarcasmo, y el trabajo actoral está encaminado a la ridiculización del personaje desde la ternura, habiendo hecho sus defectos tan entrañables previamente que el púbico muchas veces se está riendo también de sí mismo a través de la identificación con estos personajes, con sus debilidades y sus claroscuros. Además, se juega continuamente con el contraste entre lo clásico del argumento y los atisbos de modernidad de la adaptación, por ejemplo, la obra comienza con un aria clásica pero Romeo y Julieta se enamoran bailando un mambo y hay personajes que son muy caricaturizados en su versión moderna, como Paris. Las referencias, no obstante, al texto clásico, son continuas, con lo que en ningún momento se abandona del todo la tragedia.

Decir que Shakespeare y sus temas son de total actualidad es caer en el tópico, pero transmitírselo así a un público adolescente es hacer teatro con mayúsculas. Conseguir que una obra escrita en el siglo XVI sea atractiva a este tipo de público es el auténtico final feliz de Romeo y Julieta de bolsillo, una adaptación que estoy segura de que le habría gustado mucho a William Shakespeare. Apuesto a que muchos jóvenes de los que van a ver esta obra a su paso por nuestro país, saldrán decididos a llevar a Shakespeare en sus bolsillos.



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