sábado, 28 de enero de 2017

Caperucita devoralobos

Por fin llegó el día, esta tarde he visto en el Teatro Calderón Caperucita. Lo que nunca se contó... de Teloncillo, con tan altas expectativas y tantas ganas de saber qué era eso que nunca se había contado del cuento de Perrault, que tenía el mismo nivel de emoción que mi compañera de la butaca de al lado, a la que calculo unos seis años. Me ha encantado, me han sorprendido y además me lo he pasado de lo lindo durante los 65 minutos que dura aproximadamente la representación. Una Caperucita con el sello de Teloncillo: divertida, sorprendente, musical, tierna y sobre todo, adecuada al lenguaje de su público (a partir de 5 años y público familiar ponen ellos, aunque yo bajaría a 3 ó 4 años). Expectativas satisfechas.


Ya he dicho más veces que Caperucita es mi cuento favorito, porque tiene unos personajes muy divergentes y su enfrentamiento dialéctico en el espacio escénico da mucho juego. Eso sí, es una historia tan conocida, que es muy peliagudo enfrentarse a ella y ofrecer una perspectiva nueva. Teloncillo lo ha conseguido y encima nos ha ofrecido su versión de la historia envuelta en una fantástica banda sonora original escrita e interpretada en directo por Suso González. No se trata sólo de canciones, aunque también las hay, sino de una simbiosis perfecta entre momentos emocionales de los personajes y una música muy actual, tan ajustada al texto como la caperuza a la cabeza de la protagonista.

Cuando se trabaja con un cuento clásico, hay dos normas inviolables: que se mantenga la esencia para poder ser reconocido y que se ofrezca algo nuevo al espectador. Claudio Hochman, autor y director de este montaje, nos invita a jugar en el precioso bosque diseñado por Juan Carlos Pastor (una fantástica y versátil escenografía con utilería divertida y evocadora a cargo de Eva Brizuela e Israel Robledo), en el que uno nunca sabe a cuál de los cinco personajes se va a encontrar, y si puede ser un encuentro afortunado o no. Cuatro actores componen el elenco y realizan un trabajo magnífico, no sólo porque Hochman muy sabiamente ha exprimido todos los temas posibles de este cuento y ha tergiversado algunos roles para dar más giros inesperados a la historia, sino porque en el trabajo actoral se percibe una dirección muy concienzuda y un aprovechamiento muy certero del lenguaje mímico y la expresión corporal amparados por la música, como he dicho antes. Los niños más pequeños, que aún están desarrollando sus capacidades del lenguaje, no sufren la dependencia del texto que a veces sentimos los adultos, y son unos increíbles receptores de este lenguaje corporal, al que ellos ponen significado más certeramente a veces que nosotros. Caperucita lleva en su cesta un todo indisoluble compuesto por música, escenografía, iluminación, interpretación y dirección que llega a su público a través de todas las vías de comunicación, y eso se nota porque este público interviene con frecuencia interpelando a los personajes, creyendo que está dentro del bosque: cuidado, es el lobo, no abras....

Con todos en el bosque

Ángeles Jiménez se desdobla vertiginosamente entre una abuela poco convencional aunque bastante confiada y una madre hipercontroladora y asustadiza. Me pregunto cuántos kilómetros hará en cada representación cruzando el bosque de extremo a extremo para interpretar a sus dos personajes. Juan Luis Sara, el padre de Caperucita, es el cazador más tierno que yo he visto en mi vida, ¡qué ganas de darle un abrazo! Fantástico caminando por el bosque al ritmo de la música. Silvia Martín es una Caperucita hiperactiva y locuaz, divertida, fructívora, moderna, segura de sí misma y apasionada por la lectura y el color azul. Nos ha hecho reír muchísimo su intercambio de rol con Javier Carballo, un lobo inseguro, emocionalmente inestable, necesitado de afecto y muy, muy hambriento. El título de esta crítica se debe a este intercambio de roles, pero no voy a deciros quién se come a quién, porque quiero que vayáis a verla y disfrutéis como lo he hecho yo, que además me he enamorado del lobo (típico enamoramiento por compasión, porque como lobo es un auténtico desastre).



Caperucita. Lo que nunca se contó.. encierra dos mensajes distintos, uno para adultos y otro para niños. Los niños, entre carcajada y carcajada han recibido una cascada de valores (fomento de la lectura, buenos hábitos alimenticios, tolerancia) y un mensaje principal: sé tú mismo, persigue tus sueños, aunque para ello tengas que enfrentarte a tus miedos. Como adulta yo he percibido un mensaje en forma interrogante: ¿estamos preparados para que Caperucita piense por sí misma, elija qué camino quiere en el bosque y hasta se eche novio? Id a verla, porque es maravillosa y yo además necesito abrir este debate.



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