martes, 6 de diciembre de 2016

El teatro es un tesoro

El sábado pasado, mi hijo pequeño y yo pasamos la tarde buscando un tesoro en el Teatro Calderón de la mano de Álex Díaz y Javi Tirado en una producción de Eme2 con textos de Jokin Oregi. Vimos Jim y la isla del tesoro, basado en la famosa novela de Stevenson, adaptada a niños de primaria con afán aventurero.

Nos recibió una escenografía austera de rocas peladas que inicialmente no nos sugería nada en especial, pero ayudaba a mantener la intriga:

-Yo creo que va de piratas- le dije a mi hijo.
-No mamá, mira qué montañas. Seguro que va de dinosaurios.

Mientras nos sentábamos, no dejamos en ningún momento de escuchar la preciosa música de Santiago Ramos, con mención especial a la flauta de Óscar López que nos acompañó toda la tarde con sonidos marineros y claramente gallegos que disfrutamos mucho. En cuanto empezó la representación, las rocas de la escenografía inicial cobraron sentido dentro de un escenario en constante cambio, siempre a partir de la simplicidad, jugando con la sorpresa y la complicidad del espectador.


Estos gallegos nos conquistaron desde el principio, y lo hicieron con buenas artes teatrales: la adaptación del texto, la ternura matizando los momentos críticos, la idiosincrasia de cada personaje, el humor omnipresente, la estética de todo el conjunto, las marionetas que todos queríamos llevarnos a casa....Seguro que nunca pensó Stevenson que su obra podría hacer reír tanto a los niños en lugar de temblar. Muchos adultos creen que hacer reír a un niño es cosa fácil: son aquellos adultos que ya se han olvidado de cuando eran niños. A los niños no les vale todo, y aunque sean pequeños, distinguen el humor integrado en la historia del forzado a pinceladas sobre el texto.

Con Jim y la isla del tesoro nos reímos casi todo el tiempo, con un humor tan infantil y tan bien engarzado en la historia que ahora en mis recuerdos, no creo que se pudiera contar de otra manera. Pero no sólo nos reímos: nos emocionamos, nos sobresaltamos, nos asustamos, escalamos montañas, deseamos con todas nuestras fuerzas que un cañón llamado Margarita fallara el tiro y hasta aprendimos a hacer sopa de pescado. Vimos el mundo de los adultos desde los ojos de Jim y no resultó sencillo, porque los niños no siempre entienden todo lo que hacen los adultos y éstos no siempre son lo que parecen (hasta al pirata más sanguinario le pirran los besos).

La isla del tesoro no es una historia fácil para la escena y tampoco es una novela para niños de primaria. Tiene muchos personajes, muchos escenarios, una acción sofisticada, nombres en inglés, situaciones duras...La adaptación de Jokin Oregi tiene todos los ingredientes necesarios para convertir esa masa original en un delicioso bizcocho para niños que nos encantó a todos los presentes. Aunque Afonso Agra nos pone en situación y enlaza con su voz en off las distintas escenas, el texto, como las buenas redes, no tiene ningún hilo suelto, y todos los personajes (desde la gaviota al doctor Livesey) suman valores, significados, intereses y un sinfín de datos que dan sentido a la historia más allá de la narrativa lineal.

Rocío González y Toni Salgado hacen un trabajo magnífico en un espacio escénico cuidado al máximo y manipulando unas marionetas que cuentan la historia vertiginosamente y de una forma increíblemente coral, teniendo en cuenta que sólo suman cuatro brazos, o eso me pareció. Sin dejar de contarnos la historia a través de unas marionetas preciosas, han hecho que surjan las olas del mar, han recreado la posada del almirante, han convertido la isla inicial en un barco y hasta les ha dado tiempo de pasear a un delfín y a un tiburón.

Cuando salíamos, oí que otra madre le preguntaba a un niño qué le había parecido y él le contestaba me ha encantado mucho. Jim y la isla del tesoro quedaría en nuestros recuerdos como la historia de piratas que vimos el sábado, que no es poco, pero por culpa de estos textos, esta música, esta escenografía y estas marionetas, supone mucho más, porque gracias a Jim, el sábado descubrimos que el teatro es el verdadero tesoro.


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