jueves, 10 de noviembre de 2016

Young great monsters

Ayer tuve la suerte de ver la versión más moderna del Shakespeare más clásico: Green eyed monster, un montaje sobre Otelo orquestado por La Nave, el proyecto multidisciplinar del Teatro Calderón para reclutar y formar a jóvenes artistas. No había visto anteriores producciones de La Nave, así que iba al teatro sin ideas prefijadas y me encontré con un espectáculo arriesgado, joven, divertido, comprometido y tremendamente profesional. 

El objetivo de La Nave es provocar la reflexión a través de las distintas disciplinas artísticas uniéndolas en  el metalenguaje escénico, en una experiencia estética común en la que todos aprenden de todos. Un proyecto precioso, innovador y además, autóctono, que desde ayer se merece toda mi admiración y respeto. Esta Nave se apoya en una tripulación de categoría: Nina Reglero dirige y se encarga de la dramaturgia, Chevy Muraday hace música con los cuerpos de los marineros y Carlos Nuevo coordina un espacio escénico tan versátil y voluble como la mente de un adolescente, en el que el espectador no se pierde porque es guiado por la magistral iluminación de Luis Perdiguero

Green eyed monster es un monstruo escénico que contiene en sus entrañas un fragmento de Otelo, adaptado con un lenguaje muy actual pero respetuoso en sus formas e interpretado por unos jóvenes actores profesionales. Javier Prieto (Otelo) nos hizo temblar todo el tiempo con los altibajos emocionales de Otelo. Alba Pérez  (Desdémona) nos enamoró desde el enfrentamiento con su padre hasta la canción del sauce, interpretación impecable. Álvaro Vázquez (Yago) consiguió que su personaje alcanzara una complicidad con el público que hizo que éste se olvidara de que era el ideólogo de la tragedia. José Francisco Ramos reflejó perfectamente en Casio al brazo ejecutor inocente y manipulado. María Prado encarnó en Emilia al principal tema de denuncia de la obra: la sumisión de la mujer ante el abuso del hombre, invitándonos al final a guardar un segundo se silencio por todas las víctimas de feminicidios que se cuentan en lo que va de año en nuestro país.



Antes de ver ese interior clásico shakesperiano, La Nave nos arrastró en un vertiginoso viaje por la celotipia de Otelo en un idiosincrásico punto de vista frenético y multidisciplinar: un punto de vista joven. Los jóvenes se expresan con música y escuchamos música en directo, preciosa. Los jóvenes a veces defienden a gritos sus ideas, y hubo gritos. Los jóvenes son dinámicos, y la magnífica coreografía convirtió a los navegantes en un bosque brazos y prendas de vestir que viajaban con la historia de forma tan precisa que a veces daba la sensación de que sobraban las palabras, algunos lo llaman magia, expresión corporal o disciplina de escena, yo ayer lo llamé Muraday y no hizo falta nada más. Los jóvenes usan las redes sociales para denunciar y hubo denuncia con consignas muy parecidas a las de dichas redes. A los jóvenes les gusta el rap con mensaje y hubo rap. Obviamente no estaba de acuerdo con todo lo que reclamaron los jóvenes navegantes, como tampoco lo estoy con todo lo que me reclama mi hija adolescente.

Tras la desdichada muerte de Desdémona, volvieron los navegantes a inundar la escena, volvió la música con una canción sobre la violencia de género que a mí particularmente me encantó, y volvió la denuncia con consejos directos: nadie puede coger tu móvil, nadie puede ser tu dueño, nadie puede decirte cómo vestir...Lo único que faltó desde mi punto de vista fue un enfoque más ecléctico, que abarcara a ambos roles (víctima y maltratador) y a ambos géneros, porque no siempre la víctima es una mujer. Considero que es importante proteger a la mujer y también darle armas que la fortalezcan emocionalmente para que se defienda, pero más importante aún es acabar con la guerra de géneros, ésa que arrastramos más o menos desde la época de Shakespeare.....

Me gustó muchísimo lo que vi ayer, pero intuyo que llegar hasta aquí no ha debido ser un viaje fácil, y mientras veía el espectáculo disfrutaba imaginando cómo habría sido esa navegación. Ha debido ser un camino muy enriquecedor para todas las partes, tanto para los jóvenes como para los profesionales. Me parece una idea magnífica usar un autor clásico tan actual a la vez como es Shakespeare como punto de partida para la reflexión estética. En el resultado se percibe este estudio del texto clásico y cómo se ha transfigurado su mensaje a través de las distintas disciplinas: poesía, danza, dibujo, música...Me parece que a estos marineros Shakespeare los ha convertido en monstruos de la escena, en young great monsters.

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