sábado, 19 de noviembre de 2016

Un titiritero por cada cien madres

En los Encuentros Te Veo Valladolid 2016 (que este año cumplen la mayoría de edad pero no dejan de ser niños) con M de mujer, música y marionetas, no podían faltar Los titiriteros de Binéfar, que añaden a estas tres la M de maravilla. Teníamos las entradas desde hace un mes y las ganas de bailar instauradas en los genes. Iba a ver a los Titiriteros con mi hijo pequeño y su "novia", los dos de tres años. ¿Estás segura?, me preguntó su madre, que ya sabes que es muy revoltosa , ¿podrás con ella? Yo no, contesté, pero los Titiriteros pueden con esto y más, y le envié un vídeo de su espectáculo en YouTube.

Canciones de titiriteros es un espectáculo en el que la música es el hilo conductor que consigue el objetivo principal de esta compañía: contactar con el público. Está dirigido a un público muy infantil, entre dos y cinco años aproximadamente, ese tipo de público que aún no está seguro de si las marionetas son o no de carne y hueso y vive los títeres como si estuviera dentro del escenario, aunque en el caso de los de Binéfar, su cariño por el público es tan manifiesto que son ellos los que se salen del escenario y no al revés. Pretenden contactar con el público y vaya si lo consiguen.


La palabra "titiritero" no deja de tener un sentido que minusvalora esta profesión: ambulantes, callejeros, manipuladores de marionetas, mitad payasos y mitad malabaristas, que cantan canciones populares. Todas estas características tienen los de Binéfar y por ellas deben sentirse orgullosos. La cultura popular necesita más titiriteros que la conserven y sepan transmitírsela a nuestros hijos de una manera tan asombrósamente lúdica con una interpretación musical de calidad: por cada titiritero hay aproximadamente un centenar de madres que canta canciones a sus hijos y no les pone Disney Channel, así que necesitamos muchos...

Ayer los niños sentados en el suelo empezaban a impacientarse cuando salió a escena Eva Paricio, se presentó, y le respondió un silencio ojiplático: niños expectantes por saber qué salía de ese escenario tan prometedor. El espectáculo comenzó con y para los cinco sentidos, ya que en la primera canción se pidió a los espectadores que se abrazaran, besaran e hicieran cosquillas, cosa que hicimos encantados. Después de eso, nos demostraron que el teatro se puede convertir en una fiesta, con ayuda de las marionetas gigantes que siempre acompañan a estos aragoneses con denominación de origen, que además son unos músicos de primera, orquestados ayer por Roberto Aquilúe a la batería, Pablo Borderías a los vientos (estupendo el clarinete) y Faustino Cortés al teclado.

A la salida, sin Eva,  porque estaba acaparada por los niños
Soy incapaz de recordar todo lo que hicimos: cantamos, bailamos, imitamos, coordinamos palmas, interactuamos con las marionetas que salieron del escenario a contar la historia de nuestra mano, tocamos a los famosos elefantes de la tela de araña y en verdad eran ligeros, nos reímos muchísimo y no dejamos de sorprendernos todo el tiempo aunque las canciones ya las conocíamos. Canciones de titiriteros es una manta de patchwork tejida delicadamente por Paco Paricio, que es su director, en la que cada espectador se identifica con un retal distinto, pero todos encontramos nuestra propia parcela.

Yo ya había visto Maricastaña y El bandido Cucaracha, de los que guardo muy buen recuerdo. Anoche, después de muchos bises, nos despedimos con un abrazo escénico de nuestros titiriteros favoritos, deseando volver a verlos muy pronto. Cuando dejé a la "novia" de mi hijo en casa, le conté a su madre cómo había sido el espectáculo y de repente me interrumpió con una pregunta: Tú te lo has pasado muy bien, ¿verdad?



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