sábado, 19 de noviembre de 2016

Saltando en un mar de sensaciones

Hoy por primera vez he ido al teatro para bebés sin acompañante, ya que mi hijo pequeño había acudido con mi marido en el primer pase de Jop! de Teatro Tyl Tyl y yo he ido en el segundo. Los XVIII Encuentros Te Veo han continuado en el Teatro Calderón con M de mujer, de Música y de Malabaristas, en esta ocasión. Tyl Tyl tiene como objetivo prioritario acercar el arte dramático a la primera infancia desde un entorno lúdico pero íntegramente profesional, para lo cual trabajan con docentes, con madres y con todo aquél que comparta su visión del teatro como forma de explorar el entorno para los bebés y como forma de integrarse en él para los niños.

Jop! no tiene un argumento lineal, su hilo conductor es la sorpresa continua, el sobresalto onomatopéyico y real que se sucede todo el tiempo mientras Daniel Loveccchio y Ave María Tejón se desplazan por un espacio escénico en continuo cambio y cada vez más sofisticado. Esta escenografía de Alfredo Gómez comienza pareciendo los barrotes de una cuna y crece a lo largo de la obra como sus espectadores: tambaleándose al principio, sirviendo de soporte a todos los juguetes que "saltan" de las manos de Daniel y Ave al final. 


Desde una iluminación tenue, relajante, de brillos y destellos que simula el vientre materno, Jop! es un despertar a la vida a través del juego y la música. La expresión corporal, los sonidos repetitivos, el eco como expresión de diálogo entre los personajes, la aparición de distintos instrumentos que apoyan la interpretación y las canciones son los elementos que conectan a los bebés con esta experiencia dramática multisensorial. Durante la obra todo se mueve y crece: los objetos, el escenario, los actores, el ritmo de las canciones...sin embargo, los espectadores contemplan este espectáculo absortos y relajados, concentrados, diría yo, para no perderse nada. El silencio reina en general entre el público, excepto a mis espaldas, que había un cronista de unos dos años que nos iba haciendo un resumen de todo: el pez, el malabarista, las pelotas....porque los niños de dos años se relacionan con su entorno mediante la verbalización, cosa que no necesitan los bebés y por eso disfrutan más de sus sentidos.

Con Daniel Lovecchio y Ave Mª Tejón
Ya he dado en este blog las razones por las que hay que llevar un bebé al teatro. Otro día hablaré de las razones por las que es importante acompañar a un bebé al teatro y las distintas formas en las que se puede plasmar ese acompañamiento. Hoy me gustaría destacar cómo un montaje como Jop puede enriquecer la experiencia de madres y padres fortaleciendo la relación de apego con el bebé en un entorno lúdico y nada rutinario, alejado de las prisas y las preocupaciones habituales. Desde que se apaga la luz, Lovecchio y Tejón nos transportan a una realidad escénica paradójica: en calma y en continuo sobresalto, en la que las vías de comunicación dominantes son visual y auditiva, los dos sentidos más desarrollados de los bebés. Cada bebé que asiste en brazos de su madre (o padre) a este espectáculo se lleva una sorpresa final y una experiencia única: los recuerdos de los estímulos más relevantes para él (visuales y sonoros), asociados al olor de su madre, a sus caricias o a su forma de mecerlo siguiendo el ritmo de la música. Esta asociación perdurará como recuerdo en la mente del bebé, y conformará parte de su experiencia emocional, aunque al salir no nos pueda decir con palabras que le ha gustado.

Cuando llegué a casa le pregunté a mi hijo de tres años qué le había parecido la obra, a sabiendas que su experiencia habría sido totalmente distinta, mediatizada por su etapa de desarrollo, en la que prima lo verbal: mamá, había un pez que quería escaparse de su pecera para nadar con otro grande por el mar. 


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