sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Quién da más teatro?

Seis personas pueden construir un universo poético, seis personas pueden retratar la guerra de muchas, porque hay guerras que son de muchas personas, hay guerras que son de un hombre y una mujer y hay guerras que son de una sola persona. Anoche en la Sala Lava, buceamos en el interior de Delmira Agustini, poeta uruguaya modernista de finales del siglo XIX en la obra No daré hijos, daré versos, magistralmente puesta en escena por Teatro La Morena, la compañía de la magnífica dramaturga uruguaya Marianella Morena, galardonada con el Premio Florencio al Mejor Texto de Autor Nacional en 2014.

No me gusta que me intenten dogmatizar en el teatro. Me considero rebelde por naturaleza y librepensadora, y por eso odio cuando un texto se convierte en pretexto, expresión que he acuñado para los malos dramaturgos y guionistas que utilizan los tópicos políticamente correctos para alcanzar desde el agrado a un público mayoritario. Esto no pasó anoche, aunque el tema era muy tentador: la pobre Delmira, muerta a manos de su exmarido, víctima de la violencia de género, taquilla asegurada. Anoche no vimos eso, vimos mucho más, y aunque vimos el interior del personaje, como en las buenas historias, aún nos quedamos con ganas.

Seis personas construyen un universo poético en tres actos, y como los universos son caóticos, la escena por momentos lo es: cambian los personajes, las vestiduras, el lenguaje, el escenario, la época, la simpatía de los espectadores por unos u otros...Desde un planteamiento muy original y una visión personal que denota un profundo estudio del personaje en el que se inspira la obra, el texto de Marianella Morena es rompedor, rompe con todas las leyes: la linealidad temporal, el diálogo, la correspondencia personaje-actor, la diferenciación entre texto y música....

El primer acto se desarrolla en una cama, el segundo en un sofá, el tercero no tiene escenario, pero yo lo ubiqué en una mesa de disección. A Delmira Agustini la mataron dos balas, pero no hizo falta, porque anoche aprendimos que ella ya estaba muerta. No la mataron su marido, ni el destino, ni las circunstancias, porque su espíritu no encontraba lugar en este mundo y ya se había ido con antelación. Ser mujer es un ejercicio de multiplicidad, como dice Pedro Guerra en su canción Daniela, estamos llenas de puertas, unas cerradas, otras abiertas, independientemente de que algunas paren versos y otras hijos. Eso es lo que refleja el texto de Morena: ¿cuántas mujeres habitan una esposa y a cuántos maridos hablan cuando intentan hacerse entender? ¿es posible el entendimiento? y si lo es ¿puede mantenerse a lo largo del tiempo?



El de ayer no fue un viaje fácil ni tranquilo. Viajamos por los tres actos de sorpresa en sorpresa. No fue un viaje cómodo, porque el texto nos exigía adaptarnos con él a sus distintos giros: del personaje múltiple a la recreación de época, de ésta al metateatro, y así un sinfín de vaivenes escénicos que requerían alta concentración, aunque uno puede estar concentrado y gozando a la vez, que fue mi caso.

Viendo No daré hijos, daré versos, tuve la extraña sensación de que la obra había evolucionado en sus representaciones. Me pareció por el trabajo actoral que el texto se había convertido en ese hijo que negaba el título, que lo habían hecho suyo y había crecido en su interior colectivo. Me gustó muy especialmente el trabajo de Mané Pérez por la versatilidad de su personaje y su capacidad como actriz para cambiar de registro. Lucía Trentini y Agustín Urrutia nos hicieron temblar todo el tiempo, de miedo, de ira, de excitación, de risa. Tardaré mucho en olvidar la preciosa voz de Trentini que insertaba canciones en la escena comenzando en solitario y terminando en coral. Laura Báez me gustó especialmente en el primer acto y Domingo Milesi y Leonardo Noda en el segundo. 

Si entendemos que en el interior de Delmira había todo un universo, anoche con Teatro La Morena lo recorrimos entero, sorprendiéndonos en cada recoveco, en cada desnivel de su terreno, enamorándonos con un lenguaje poético actual y penetrante, empatizando con cada personaje, porque a todos entendíamos, porque en la historia todas sus actitudes encajaban a la perfección, sufriendo con cada uno su drama personal. Anoche descubrí que apostar por La Morena es una inversión segura porque ¿quién da mas, quién da más, quién da mas teatro?


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