jueves, 20 de octubre de 2016

A la luna se va montado en ganso

¡Vaya comienzo ha tenido este año la temporada infantil de teatro! Hemos ido nada más y nada menos que A la luna, de la mano de Voilà Producciones, y ¿sabéis qué? A la luna se va montado en ganso.

La verdad es que después del verano, tanto mi hija pequeña como yo acudíamos con mucha expectación a esta representación primera de la temporada. La primera sorpresa para mi hija fue el escenario: una especie de plataforma de madera blanca. 

-Mamá, ¿por qué no hay nada?
-Es una pantalla, el teatro de hoy tiene mucho de cine, ya verás...

Mi hija me miró con ojos incrédulos y se quedó mirando el folleto que nos habían dado al entrar, supongo que preguntándose de dónde saldría el ganso que figuraba en él y qué tendría que ver la luna en todo eso.

Nada más empezar me di cuenta de que la combinación de teatro y cine de animación tiene un extraño efecto sobre los niños: éstos van de sorpresa en sorpresa y guardan mucho más silencio de lo habitual, escuchándose únicamente de vez en cuando las exclamaciones cuando aquel panel blanco inicial se convertía en dormitorio, en granja, en tren...

El espectáculo de ayer nos cautivó de principio a fin, y no sólo por lo novedoso de esta combinación de teatro y cine, sino por todo en general, porque todo nos gustó: qué música, qué dulzura narrativa, qué interpretación, qué estética, qué capacidad de fundir vídeo y realidad y sobre todo, ¡qué historia tan maravillosa!

Hay dos formas de escribir para niños: siendo un adulto que escribe para niños o rescatando al niño que fuimos y narrando la historia a través de su voz y sus ojos. Esto último muy pocos escritores, o como es el caso, dramaturgos, lo consiguen. En esta ocasión lo han conseguido Cynthia Miranda y Daniel García, regalándonos un universo poético en el que la imaginación vence a la lógica a través de los monólogos de Tara, su protagonista. La espontaneidad y la ternura de esta niña lubrican los engranajes del guión que, en ocasiones, encuentra temas difíciles en su camino.

Tara es interpretada maravillosamente por Esther Díaz de Mera, que muestra tener la misma capacidad expresiva y de sorpresa que una niña de siete años. Con sus mil muecas nos ha hecho reír, enfadarnos, sorprendernos, preocuparnos....y ha terminado su actuación animándonos a perseguir nuestros sueños, ésos que parecen posibles y aquéllos que giran sobre sí mismos a miles de kilómetros de distancia.

La interacción de Esther con las imágenes nos ha hecho olvidar durante 50  minutos que el vídeo es una proyección luminosa en movimiento. El culpable de esos movimientos es Daniel García con personajes diseñados por Elisa Cano. Hemos disfrutado muchísimo de ese abuelo tan listo, el científico tan sabelotodo y el padre que crece con la historia a la vez que su hija. Y por supuesto, nos hemos integrado en la manada de gansos, con especial satisfacción sabiendo que ninguno ha sido maltratado durante el rodaje.

No quiero terminar sin darle antes las gracias a Óscar Botello porque tuve su melodía en mi cabeza toda la tarde, así que la disfruté el doble. 

Esther tuvo que salir a saludar muchas veces, porque los aplausos no se terminaban. Yo creo que si nos hubiérais dejado, más de uno nos habríamos quedado en la luna con vosotros.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario