lunes, 13 de junio de 2016

Escuchar es crecer

Ayer fui con los dos más pequeños de mi casa de concierto. Tuvimos el privilegio de ver tocar para nosotros a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, acompañados nada menos que por Paulo Lameiro y su equipo de músicos y bailarines. Disfrutamos de un repertorio de música clásica escogido especialmente para bebés, acompañado en su mayor parte por una bailarina que interactuaba con el público, imitamos secuencias rítmicas, conocimos instrumentos exóticos y hasta hicimos nuestro propio acompañamiento de percusión con un material al alcance de cualquier bebé que quiera ser músico.

Un bebé criado en silencio sólo aumenta de tamaño, mejora el percentil (ése que tanto preocupa a algunos pediatras y madres primerizas), pero no crece. Un bebé sólo necesita cuatro cosas para crecer: alimento, sueño, cuidados higiénicos y afecto, incluyendo este último la estimulación necesaria para que su cerebro haga eso que está deseando: desarrollarse. Parte de esa estimulación compete al oído, por eso es tan importante la música para los bebés, porque la música no tiene un área cerebral exclusiva que la perciba, la percepción musical compromete a casi la totalidad del cerebro, incluyendo partes de los dos hemisferios. Esto quiere decir que un cerebro en desarrollo estimulado musicalmente va a crear nuevas conexiones neuronales de una manera exponencial, o sea, que esa música, que es percibida por el bebé como algo emocional (le provoca reacciones emocionales), va a mejorar los aspectos cognitivos de su desarrollo, puesto que en esta etapa las áreas afectivas y cognitivas del cerebro en crecimiento están indisolublemente unidas.



Sabemos poco de la memoria de los bebés. Los neurocientíficos aseguran que todas nuestras experiencias quedan registradas, pero que no podemos o no sabemos acceder a una parte de ellas, las más tempranas. También sabemos que nuestros recuerdos sonoros suelen asociarse a experiencias emocionales ("esta canción me recuerda a..."), por lo que los bebés que presenciaron el concierto de ayer, tendrán en su recuerdo una amalgama de experiencias afectivas (fui con mi madre/padre...), emocionales (me sobresalté con la percusión, me reí con el instrumento que sonaba como una rana, sonreí al músico disfrazado), psicomotrices (bailé como la bailarina), cognitivas (intenté imitar el ritmo, aprendí el nombre de los instrumentos). Estos recuerdos los acompañarán toda su vida y mediarán futuras experiencias, aunque ellos no lo sepan.

El gran Lameiro
Quienes sí saben de esto son Lameiro y los músicos que lo acompañaban ayer, todos ellos especialistas en conciertos para bebés. Ellos estructuraban el concierto con sus breves intervenciones entre las distintas piezas que tocó la OSCyL, convirtiendo el espectáculo en algo vivo y cambiante, que requiere incluso cambios posturales, para sostener la débil atención de los espectadores, que pudieron ver los instrumentos de la sinfónica muy de cerca, se sintieron partícipes "tocando" con ellos una de las piezas y descubrieron cómo un instrumento puede imitar sonidos de la naturaleza y cómo nuestra garganta puede hacer música sin emitir palabras, remitiéndonos a la fase en la que el bebé emite sonidos guturales porque está descubriendo su voz. Y como todo está pensado para bebés, el concierto es dinámico y hasta los músicos de la orquesta cambian de ubicación, y Lameiro y su equipo van vestidos de forma llamativa, convirtiéndo el concierto en una experiencia sinestésica, dirigida a los distintos sentidos.

¿Cómo se comporta un bebé en un concierto? Depende de dos factores: su estado ese día (si ha sido un buen día para él, está descansado, tranquilo, contento) y de la actitud de su acompañante (si ha sido un buen día para él, está descansado, tranquilo, contento). Si el adulto va a disfrutar del concierto, probablemente el bebé también lo haga, aunque lo manifestará de una forma distinta. Algunos siguen el ritmo con su cuerpo, otros imitan a los músicos, otros cantan y bailan, los hay que intentan establecer relaciones sociales y otros sólo escuchan y miran. Ninguna de estas actitudes es más correcta que otra, porque todos están escuchando y creciendo.




Aparte de la programación del Centro Cultural Miguel Delibes que siempre hace un ciclo En familia dedicado a los más pequeños, si vives en Valladolid y quieres estimular musicalmente a tu bebé, puedes acudir a los talleres musicales para la primera infancia que organiza La Cajita De Música en la escuela de danza y arte Bailarte. En cualquier caso, cántale a tu bebé, tararéale, sílbale, convierte su cuerpo en un instrumento de percusión y descubrirás que escuchar es crecer.

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