domingo, 10 de abril de 2016

Fábula musical: cuando Mozart visitó Vietnam

Hoy los murcianos de Fábula Teatro han clausurado el ciclo de Teatro para Bebés del Desván del Calderón, y lo han hecho con un concierto que busca enfrentarnos al bebé que todos hemos sido a través de los sentidos, la expresión corporal y la música. Todos los niños serían Mozart si se les estimulara lo suficiente y tuvieran las capacidades musicales innatas del gran genio, puesto que el oído es uno de los primeros sentidos en desarrollarse y fundamental en la relación del feto con el mundo extrauterino. Aún así, y sin quitarle méritos al maravilloso Wolfang Amadeus, su música no es la única que puede conmover a los bebés. Si el austriaco hubiera visitado Vietnam, seguro que tocaría alguno de los instrumentos que usa Luis Paniagua en ¿Te acuerdas?Para los que queráis profundizar sobre cómo transforma la música el cerebro humano, os recomiendo Musicofiliade Oliver Sacks. No sé si los componentes de Fábula Teatro lo han leído, pero está claro que han tocado la tecla adecuada.

Una característica fundamental del cerebro de los bebés es su plasticidad: en sus dos primeros años de vida crean tantas conexiones neuronales en diferentes zonas cerebrales que si siguiéramos a ese ritmo, a los diez años todos habríamos dejado a Einstein en ridículo. El aprendizaje en esta etapa tan crucial se hace a través de la sorpresa, no hay más que observar a un bebé para darse cuenta: oh, una mano, voy a chuparla, vaya, cómo ha sonado eso, etc. Fábula Teatro lo sabe, y desde su experiencia en teatro infantil, ha creado un espectáculo que nos sorprende continuamente, incluso a aquéllos que ya hemos superado la fase del desarrollo cerebral exponencial.

¿Te acuerdas? como las obras bien pensadas para bebés, trabaja desde la sinestesia, para los cinco sentidos de su público, se puede disfrutar en distintas posturas, se puede bailar en ciertos momentos, nos transmite emociones a través de sonidos inesperados creados con instrumentos desconocidos, nos lleva a lugares olvidados, juega con nuestras reacciones y nos provoca cambios inusitados de escenarios y estados de ánimo, siempre a través de la sugestión. 



Este imaginario fabuloso no es casual, lo consiguen cuatro magos de la escena. Luis Paniagua, maravilloso músico, investigador de instrumentos desconocidos, fabricante de fábulas musicales y amante del estado primigenio que representa todo bebé. Mantener durante cuarenta minutos a una treintena de bebés en silencio ya de por sí es un acto de magia, conseguir que algunos bailen, sigan ritmos y expresen con gestos y gritos de sorpresa sus emociones es un logro escenográfico. La sorprendente música de Luis hecha con instrumentos que nos conectan con la naturaleza, a veces cobra protagonismo y otras se funde en una coreografía tan delicadamente creada que es imposible disgregarla de la expresión corporal y los elementos escenográficos.

Ouka Leele es responsable de crear el espacio escenográfico que nos conecta con nuestro lado primigenio más lúdico, porque los bebés aprenden jugando, incluyendo elementos etéreos, como el polvo que se diluye en el primer soplo de la vida o las pompas de jabón que revolucionan al público, pero trabajando también con el color, con efectos inesperados y con elementos cotidianos, como una linterna. Me di cuenta de que estos cuatro eran magos porque después de excitarse en extremo con el juego de las pompas de jabón, todos los niños volvieron a sentarse en silencio hasta el final de la obra, contra todo pronóstico razonable contrario.

Marga López expresa con su cuerpo la música de Luis y nos transmite que se puede bailar antes de aprender a andar, que la danza nos recuerda al suave mecer del útero materno y que bailar es un acto natural de expresar emociones que la sociedad cohíbe patológicamente cuando crece el individuo.

Juan Pedro Romera es el compañero de la bailarina y eje conductor del guión. Este gran contador de historias asume el reto en esta obra de utilizar sólo sonidos para darle cohesión a la historia a través de la expresión corporal y de la complicidad con sus compañeros de escenario.



¿Cómo vive el público esta obra? Ningún espectador lo vive por igual. Desde mi visión de adulta, salí pensando gran montaje musical a partir de los cuatro elementos: aire, tierra, agua y fuego. Le pregunté a mi hija de qué había tratado y me dijo es un cuento. Y mi hijo pequeño dijo, no, son canciones. Conclusión: tenéis que verlo con la mirada del bebé que fuisteis y después opinar. Eso sí, todos los niños que han visto la obra, aseguraron que ellos habían sido el que había apagado la vela del final, hasta tal punto ha sido una experiencia interiorizada y personal para todos ellos. 

Como he dicho antes, esta obra concluye el ciclo de Teatro para Bebés, que suele durar desde enero a abril. Esto significa que los que queráis acudir a la próxima temporada y no dispongáis de "acompañante", tenéis el tiempo justo de fabricar un bebé de aquí a entonces. En cualquier caso, fabricar bebés también es una actividad lúdica muy recomendable y que, como el teatro, nos conecta con la versión más íntima de nosotros mismos. 




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