lunes, 18 de abril de 2016

Doña Francisquita en los tiempos del cólera

Corren malos tiempos para las artes escénicas en general, cuánto más para los géneros supuestamente menos populares, como, por ejemplo, la zarzuela. Ayer asistí a la representación de Zarzuela! The Spanish musical y durante varios días previos cuando le comentaba a un conocido que iba a ir a un espectáculo musical basado en fragmentos de zarzuela, me soltaba la coletilla "no te pega". En función de mi relación con el interlocutor, alargaba más o menos mi respuesta, quedando la mayoría de las veces en la típica contrapregunta "¿y qué me pega?, acompañada de sonrisa.

Y es que aún existen personas, muchas, por desgracia, que asocian determinados géneros musicales, literarios o artísticos a la época que les vio resurgir, a una clase social o política, o a una determinada ideología. Lo siento por ellos, que organizan su realidad artística a base de encasillados: esto es "lo que pega", esto es "lo que no pega". Tengo 44 años y la zarzuela me gusta desde que tengo edad de recordar, es una de las cosas que le debo a mi padre, que nunca dejó que su ideología política interfiriera sus gustos musicales. 

Ayer presenciamos una maravilla, mejor dicho, una Maravilla, una Chupalona, una Luisa Fernanda, un Niño judío y muchos otros fragmentos más en los que, exceptuando el descanso, no nos daba el intervalo entre uno y otro para recuperarnos de nuestra sorpresa, y cuando ya casi no nos cabía más, cuando estábamos ahítos de tanto arte, va y se nos casa Luis Alonso....Leo en el programa que el ballet que nos está dejando sin aliento es el de Producing Emotions, la compañía que produce el espectáculo. Eso mismo pienso yo: el nombre no puede ser casualidad. Los bailarines principales, Sara Chamorro y David Sánchez, nos han enamorado en La leyenda del beso, pero antes de eso el ballet nos ha sorprendido con una originalísima interpretación del Fandango de Doña Francisquita, con cambio de tercio incluido entre el ballet y la danza española, que a mí particularmente me ha encantado.


Tengo que confesar que el nombre de este espectáculo, aunque pertinente, a mí no me resultaba nada atractivo. Poner una frase en inglés para referirse a un género que es típicamente español, me parecía una paradoja. Sin embargo, gracias al anglosajón protagonista, al que uno acaba cogiéndole cariño (a pesar de su insistencia en el carácter británico del Peñón de Gibraltar), el espectáculo realiza un recorrido didáctico por la historia de la zarzuela, incluyendo datos ensarzados en el propio guión que resultan tan interesantes para el público menos familiarizado con este género como para los amantes del mismo. 

Mazurca de las sombrillas
Lo que más me gusta de la zarzuela es que es un género que explota todos los recursos y registros vocales, por eso en él los coros son tan importantes. En esta ocasión me ha sorprendido muchísimo la profesionalidad del Coro de Amigos del Teatro Calderón, que he de confesar que no conocía. Me ha parecido disciplinado junto a la orquesta, ágil en sus cambios de vestuario, versátil en las coreografías. Me han encantado la Habanera y la Mazurca de las sombrillas (el "mar de sombrilas" se veía precioso desde arriba), interpretadas por este coro.




Por supuesto, hay seis maravillosas voces que interpretan los pasajes protagonistas: Milagros Martín (fantástica Tarántula de La tempranica) y Javier Ibarz (los simpáticos protagonistas del particular viaje por el tiempo), Carmen Solís (que se luce en El gato montés), Amparo Navarro (que me encanta en La Revoltosa con Borja Quiza, olé los barítonos guapos) y Javier Agulló (maravilloso Fernando en el duo de Doña Francisquita). Gracias por todo lo que nos habéis hecho sentir.


La Orquesta Clásica Europea se encarga de acompañar estas voces o retarlas, según el caso. Sólo por la orquesta el espectáculo ya merecería venir, por escuchar la flauta travesera y el clarinete en el Preludio de La Revoltosa o el arpa en La leyenda del beso, o cómo se reparten entre arco y pizzicato violines, violas y violonchelos en La boda de Luis Alonso.

A pesar de esta fantástica orquesta, es imposible cerrar los ojos para disfrutarla, ni siquiera en los pasajes puramente instrumentales, porque los señores Daniel Bianco (escenografía) y Álvaro Luna  (videoescena) nos lo impiden. Gracias a ellos hemos recorrido el Madrid más castizo, nos hemos metido en el coso con El gato montés, hemos viajado a Cuba en transatlántico a ritmo de habanera con Don Gil de Alcalá y hasta nos han salpicado las olas en la Romanza de Leandro de la Tabernera del Puerto. Además de la belleza que emana todo el montaje escenográfico, cuando la escenografía tiene detrás un trabajo serio de documentación, el público lo nota y lo disfruta. Mientras yo me recuperaba de mi "resaca artística" en la cola del párking, la señora de delante debatía con su pareja sobre cuáles serían los trucos de Álvaro Luna. Un vestuario también magnificamente documentado pero atrevido a la vez, completaba esta escenografía con un uso del color en ambos casos que denota una enorme sensibilidad. 

Metidos en el coso


Y como se notaba que el público no se quería ir después de casi tres horas, nos despidieron con el fragmento tan conocido como indispensable de La verbena de la Paloma. Tanto aplaudir me costó un cuarto de hora más de tarifa de mi canguro.

Anoche disfruté muchísimo con este espectáculo. Siento mucho que este tipo de música sea denostada por personas que defienden su libertad pero se encasillan a sí mismos haciéndose menos libres (cualquier día alguien me va a decir que la peineta y las castañuelas son imperialistas). Todas las naciones tienen episodios más o menos avergonzantes en su historia, pero el arte nunca tiene la culpa. Gracias Producing Emotions, por producir zarzuela en los tiempos del cólera.





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