sábado, 14 de noviembre de 2015

Algunas varitas sí que son mágicas

Esta noche me han disparado los contrabajos, me he enfrentado al ejército japonés a orillas del río Kwai y he hecho el amor con Lara Antipova. No es que haya hecho un maratón de cine en casa, aunque las nieblas del día invitaban a ello, es que he asistido al maravilloso concierto de la Film Simphony  Orchestra, un concierto para cinéfilos y amantes de la música sinfónica, o según los objetivos que mueven a su director, para cinéfilos que se acercan a dicha música.

Constantino Martínez-Orts, cuyo currículum es más extenso que sus vestiduras, y ya es decir, en su afán por divulgar la música sinfónica decidió especializarse en música de cine, y así surgió la Film Symphony Orchestra, que es capaz de transportarte al cine con los ojos cerrados y así recorre España en su gira anual llenando cualquier recinto al que se enfrenta, incluido Las Ventas,  con 10.000 personas en su último concierto.

Desde mi fila 15 me siento en un bosque: los violines son las ramas de los árboles, meciéndose con el viento, y a su lado tintinea un arroyo maravillosamente pulsado por Ana Reyes, la arpista. La flanquea al piano Bautista Cármena, especialmente protagonista en temas como La teoría del todo, que a mí me ha encantado. Detrás los instrumentos de viento, desde la dulzura de las flautas hasta el fragor de los trombones y al fondo, como siempre, la percusión disciplinada o terrible, según su intensidad.


Cada intervención del programa resume una película en una interpretación musical de tres o cuatro minutos. En cada una de ellas cobra protagonismo un instrumento, así tenemos el solo de flauta en E.T., el apasionado duo de violines en Leyendas de pasión o el acordeón en Doctor Zhivago.

El entusiasmo del director es contagioso y se percibe en cada saludo al público, pero la respuesta del público es proporcional. Parece estar esperando con ansia la última nota de cada tema para aplaudir con fervor. Cuatro bises hemos conseguido, y en uno de ellos bailaron hasta los contrabajos. En otro. Constantino propone al público hacer una intervención a medias, silbando la canción de El puente sobre el río Kwai mientras la orquesta toca piano de fondo, así que hoy puedo decir que Martínez-Orts me ha dirigido. Aún ahora, mientras escribo, revivo parte de la emoción del concierto escuchando el cd de la pasada gira, que por supuesto me compré.



El concierto se termina, inevitablemente. Antes he estado corriendo entre dinosaurios, luchando por la supervivencia del planeta y al pie de las colinas del Ngong, y todo esto porque algunas varitas, o batutas, sí que son mágicas.



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